¡Hola! ¡Dígame!

¿Os habéis fijado alguna vez cómo responden al teléfono móvil las personas de vuestro alrededor?
En España usábamos aquello del “dígame”, en otros países hispanohablantes estaba aquello del “aló”. Era una “costumbre” que, como todo en esta vida se ha perdido.

Marilyn-Monroe-Dígame

Aquellos grandes teléfonos de color verde pistacho tenían un dial para marcar los números de siete cifras, que en caso de llamar a otra provincia se alargaban un poquito más. ¿Cuántos de vosotros aún recuerda los prefijos de provincia?

Primero se escuchaba un tono largo y eterno que servía para decirnos que hay línea. Después tenías que meter los dedos en el agujero de cada uno de los Nueve números y girar hasta el tope el dial… y así uno a uno todos los dígitos; a continuación se escuchaban los tonos de espera y si descolgaban antes del quinto o sexto… oímos un: “Dígame”.
No había pantalla, ni identificador de llamada, no sabíamos quién estaba al otro lado y ante esta incertidumbre pedíamos o nos pedían, en forma de usted, que iniciaramos la conversación. No era un “¿quién es?” ni tampoco un “dime tú”, iniciábamos una conversación anónima hablando de usted.

Ahora tenemos estos grillos cuadriformes y electrodependientes, esas máquinas que nos socializan con lo ajeno pero nos aíslan de lo cercano. Ahora tenemos móviles; como móviles de asesinatos o como los móviles que cuelgan de una cuna para distraer a un bebé…

Los teléfonos de bolsillo, esos que algún día se demostrará que son responsables de que se te hayan reducido considerablemente los testículos o que tu vulva se desprenda como el cuello de un pavo, esos, han llegado realmente sin aviso y en mal momento.
Ahora que puedes saber quién está al otro lado, que te puedes comunicar por voz, por texto, imagen, en público o privado, ahora… hemos perdido el respeto al conocido que sí le teníamos al desconocido.

“Dime”, “¿qué pasa?”, “en ti estaba pensando”, “cabronazo”, o un profundo y meditado … “hey”.

Un pequeño paso para la tecnología y un salto al vacío para la humanidad, en mi opinión. Cada vez usamos códigos más borrosos, con la falsa excusa de que nos hemos vuelto “más cercanos”.

Como dije unas líneas más arriba: somos cercanos con los que tenemos lejos pero lejanos con aquellos que tenemos cerca. ¿Es eso lo que realmente queremos? ¿Es por eso que preferimos subir a Instagram fotos en las que no somos nosotros mismos para que gente anónima te de un puto like? ¿No preferirías recibir una postal de papel de alguien que te quiere y que se esforzó sólo para ti?
Los detonadores de humanos a los que llamamos móviles han provocado que prefiramos el efímero amor ajeno expresado en un pulgar hacia arriba en una red social, al verdadero cariño de nuestros padres y verdaderos amigos.

DEP Ser humano.

Escribe tu opinión aquí:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *