Mis anisakis en Mercadona

Cuando llegué a Barcelona tenía a penas 24 años, el pelo medio largo y con alguna rasta, pesaba unos 65 kilos y tenía una buena salud. Uno de mis primeros trabajos fue en Mercadona y tras unos años trabajando cambié por fuera y por dentro.

Al poco tiempo de llegar a la ciudad encontré trabajo en el supermercado. Me vino muy bien porque tenía tiempo para pensar, disfrutar de la ciudad e incluso estudiar. Atrás quedaba València y la universidad y adelante se me ofrecía un mundo adulto del que esperaba cambios positivos.

Mi cuerpo era fuerte y sin a penas problemas podía aguantar horas de caja, horas tirando de paléts o reponiendo género. A la salida volvía a mi apartamento y como pillé turno de tardes, cenaba y dormía para poder estudiar o escribir en las mañanas.
Un buen día empecé a sentirme mal. El diagnóstico de la médico de cabecera fue gripe. Más adelante determinaron que era la conocida enfermedad del beso y me recomendaron unas semanas de baja para recuperar fuerzas.

Fotografía de Jorge González en Unsplash.com

Contrariamente mi peso empezó a disminuir y de 65 bajé a menos de 50. El pelo se me caía y me aparecieron varios signos de debilidad como aftas en la boca, mareos, desmayos, etc. Tuve que tomar varias bajas hasta que me recuperé; volvía a la rutina del supermercado, recaía y volvía a tomar la baja. Mercadona en varias ocasiones envió a la doctora a mi casa y ella hizo un seguimiento exhaustivo de mi estado.

Hace unos días vi otra vez más el vídeo famoso de los anisakis en el pescado de Mercadona. Esta vez salía una señora enfurecida que explicaba a la cámara del móvil que el pescadero de Mercadona le había vendido producto en mal estado.
No es la primera vez que veo un vídeo así y siempre se dice el mismo discurso. En cierto punto aparece un argumento de peso con el trato de los trabajadores de Mercadona y poco después se focaliza todo en el señor Roig, conocido por sus obra demoníacas y sacrificios de trabajadores en honor a Belcebú.

De Mercadona se decía que acallaba al periodista Jordi Évole para que no hablase de sus fechorías, también he oído que ahí no había que comprar porque se financiaba el PP, en algún punto alguien hizo correr el rumor de que el aceite español era de Marruecos y las Naranjas … a saber.

Yo puedo decir que como trabajador en Mercadona jamás fui explotado, nunca se me obligó a hacer nada que fuera indigno o injustificado. Puedo garantizar que mientras estuve enfermo tanto mi jefe, la doctora de la empresa y mis compañeros me apoyaron en todo momento.
Un año después me recuperé, encontraron que mi problema era celiaquía. Sí, esa enfermedad que algunos creen que es moda y que se hizo conocida precisamente por los productos sin gluten de la cadena de Joan Roig.

Durante el tiempo que estuve trabajando en Mercadona ahorré dinero para, voluntariamente, irme y dedicarme a buscar trabajo “de lo mío”. Cuando me fue posible, lo hice.

Sé que mi experiencia no tiene por que ser la misma que la de miles de trabajadores de la cadena pero la mía también es cierta. No tengo en la actualidad ningún tipo de beneficio o de chanchullo que me obligue a decir esto, tampoco soy un niño bien, un mimado, ni creo que me haya aburguesado con el paso de los años.

Me sorprende la indignación de la señora del vídeo, además de sus acusaciones sin pruebas legales. No comprendo a quién beneficia soltar bulos como el tema del origen del producto, ni sé por qué alguien podría desear el mal a una empresa que da trabajo a miles de personas y alimenta a millones.

Del tiempo en el que trabajé allí puedo asegurar que la limpieza de las instalaciones que no se ven, el control de plagas y el seguimiento de los productos (rotación de las fechas, conservación, cadena de frío, etc.) era MUY exigente.
Que los trabajadores defendamos nuestros derechos me parece primordial y me preocupará el día que eso no sea así. Que los trabajadores no defiendan sus obligaciones o que suelten frases como: “a ver si me despiden y cobro el paro” me avergüenza.

Insisto una vez más, por si algún fósforo inflamable está a punto de arder en este punto de mi artículo, mi experiencia en Mercadona fue buena pero entiendo que haya gente que lo haya vivido diferente.

La lucha de sus derechos clama para que se haga justicia y la justicia con justicia se paga. Las pueriles pataletas de gente que usa cualquier artimaña por hacer daño es deleznable. Pierde toda la razón quien quema los puentes por los que pasa.

Los anisakis del pescado de la señora no se ven, tampoco la fecha de compra, ni si ese es el pescado que compró en el súper. Que ella prefirió grabar este vídeo en lugar de hacer una denuncia legal o acudir al establecimiento a informar, dota a la historia de una pátina un tanto oscura.

 

De recomendada lectura; en el blog Seguridad Alimentaria Francisco Migueles (director de una consultora de seguridad alimentaria) habla sobre el anisakis y resuelve dudas.

Una respuesta al artículo “Mis anisakis en Mercadona

  • Hola Robert,

    Me parece muy interesante que compartas tu visión de la empresa desde dentro, se sabe que las cosas nunca son todo blancas o todo negras. Aún así, en el mundo online, es más fácil encontrar lo negativo que lo “normal” o positivo.

    Y tienes toda la razón, no porque se graba un vídeo las cosas son más ciertas, tenemos que conservar una mente crítica y cuestionar lo que vemos.

    Un abrazo!

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