Ladrones de recuerdos y gracias a los @mossoscat por su ayuda. #TuitExtender

He de salirme del guión de lo que este blog significa para mi. Generalmente reservado a escribir pensamientos, a emitir mis graznidos, y a maldecir (que se me da muy bien, oiga).

Hace unas semanas entraron a robar en mi casa. Llevo 9 años en Barcelona y hasta ahora nunca había tenido ningún susto así. Pero si soy cínico… “siempre hay una primera vez”.

Ladrones de recuerdos

Ladrones de recuerdos

Lo peor es encontrarse la casa patas arriba. Los ladrones, les llamaré así, entraron sin piedad, pero con prisas. Levantaron cojines, abrieron armarios, y lanzaron por el suelo todo lo que encontraron a su paso. El espectáculo era violento, no hay más palabras.

Mientras avanzaba por el pasillo, aún con la luz encendida encontraba a mi paso documentos, papeles de facturas, y al final del pasillo todas mis fotos de infancia repartidas por el suelo.

Hijo de un fotógrafo tengo una infancia en celuloide que ni Lauren Bacall (jatetu), y todos mis recuerdos tapizaron el suelo de mi comedor en una amarga disposición.

Las plantas que alegran mis rincones de casa, tumbadas, parecían una selva desproporcionada por la que hubiera pasado un monzón.

Llegué hasta la habitación destinada a mi despacho y todos mis papeles, libros, recuerdos, formaban un puzzle macabro en el que por un momento unas lágrimas asomaron mi dolor. Y en ese momento, en el armario grande donde guardo nada y todo, encontré un maletín reventado.

Mi padre fue fotógrafo, pero renunció a su sueño porque quiso ganar el suficiente dinero para alimentar a su familia. Unos tiempos difíciles donde tuvo que escoger entre la incertidumbre y un trabajo de viajante.

Mi padre fue viajante, como la cucaracha que se volvía loca panza para arriba en la novela de Kafka. Y en su metamorfosis en aras del futuro de mis hermanas y mío, ese maletín le acompañó durante muchos de esos años de visitas a clientes, y reuniones con proctogenarios.

El maletín, con una cerradura de combinación, encerraba dentro sólo papeles. “No hay dinero, malditos ladrones”, ese maletín ahora servía para guardar los recuerdos de mi primera oportunidad en la publicidad aquí en Barcelona. La primera vez que el esfuerzo de mi padre en darme una educación se convertía en una oportunidad que aproveché y que funcionó.

Vivimos en tiempos de crisis. Vivimos en tiempos en los que robar nos ha llevado la la ruina por ambición, y los que roban ahora lo hacen por desesperación y no por codicia.

Y mientras el maletín roto, reventado, muerto,  representa mi jarabe de palo; para otros ha representado su frustración, porque no encontraron dinero, sino sólo recuerdos.

PD: Gracias de todo corazón a los Mossos porque cuando acudieron fueron personas antes de ser policias, y fueron oídos antes de ser cualquier otra cosa.

 

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