RobertBarber

Todos los textos de:RobertBarber

Sonría, por favor

– Buenos días. – Muy buenos. – ¿A qué ha venido? – Necesito que me eche un vistazo a la sonrisa. – Déjeme ver – le examina la boca con rapidez introduciéndole los enguantados dedos – no encuentro nada raro. – Sí, ¿verdad? No lo entiendo.

El Santito (CAP. 3)

Con el aerosol aún en las manos y la mirada en el aire, mi compañero reía a mandíbula batida pensando que me había dado de pleno en la cara. Detrás de mi, en silencio, con el semblante serio pero una ceja arqueada, estaba Dani «el Pelirrojo». Rubén, ese era su nombre, abrió los ojos, y
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El Santito (CAP. 2)

Dani, ese era su nombre. Él me bautizó como «El Santito» y así me llamó durante los años restantes hasta que, al adentrarnos a la adolescencia, ambos marchamos a institutos de bachiller diferentes. Sinceramente, queridos lectores, confieso que no tenía ni vergüenza, ni rabia, al hecho de que me hubiera puesto un apodo. Habían apodos
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El Santito (CAP 1)

Él era pelirrojo, pecoso, y extremadamente nervioso. No era de la ciudad, sino de un pequeño pueblo a unos 20 kilómetros de donde estudiábamos. He de decir en primera instancia que era, o es, una muy buena persona. Sí, era muy bueno al menos aquel tiempo en el que le conocí. En cambio había algo
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Café, café

Recuerdo, cuando tenía veinti-recientes años, que estando en Estados Unidos me sorprendió el hecho de que la gente tomaba el café en grandes vasos de cartón. Lo hacían andando por la calle con semblante serio, y un paso ligeramente acelerado. Salían de una especie de «fast-coffee shops» que vendían el café como si fuera agua
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«Good night Ginger»

Con varias capas de abrigo salí a la calle. Era tarde, pero necesitaba hablar con alguien sobre aquél problema que me estaba quitando el sueño. Sabía que llegaría de regreso más tarde aún, pero lo necesitaba. Llegué acalorado hasta su edificio. Me detuve frente a la puerta y comprobé la dirección en el móvil. Sí,
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¿Por qué duele el amor?

Duele porque se desliza entre tus pensamientos, araña tu piel, quiebra tus rotulas y te postra ante lo estúpido.Duele porque se escurre entre tus dedos, se incrusta bajo tus uñas, cae sobre tus pies, y te pega al suelo.Duele porque se escapa por la puerta, suena a portazo cuando hace horas que ya se ha
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Te amo hasta tal punto… que no sé cuanto seré capaz de odiarte

«Hacía frío a esas horas de la mañana. La noche había sido un desastre y ambos regresábamos apestando a tabaco, con dolor en los pies, y dolor en el corazón. Durante varias horas habíamos evitado el tema, pero esa rabia que contenía desde las seis de la tarde salió de mi como un chorro de
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La habitación de ciertopelo (II)

El espejo en el suelo parecía sollozar una respiración anómala, pero no dio crédito a sus oídos. Se acercó hacia él, aún reclinado en el suelo, y se dispuso a arrancar el papel de forma ansiosa. El espejo envuelto en papel kraft era el elemento más preciado de su extraña construcción, por un segundo caviló,
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La habitación de ciertopelo (I)

El decapante había logrado sacar todo el adhesivo que quedaba en la pared de aquella habitación. El olor a químicos le revolvía el estómago, pero aunque podría haber vomitado hasta el último de sus jugos, la ausencia de alimento en varias horas le había salvaguardado de tan incómodo momento. La ventana estaba cerrada, no había
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