RobertBarber

Todos los textos de:RobertBarber

Querida Rose, querida Eva, querida amiga

Querida amiga: Me encontraba ayer tomando un café… bueno, llevaba menta, y hielo, y algo parecido a tabasco pero que no lo es, también llevaba pajita, y mucho hielo. Creo que no llevaba café, lo digo porque no vi la cucharita… ¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! Estaba ayer tomándome algo con una amiga con la
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Un pastel que se decubrió solo

Un pastel que se decubrió solo

Aquella tarde estuve demasiado tiempo tratando de no pensar en cual sería tu respuesta para la pregunta que te hice en la mañana: «No me respondas ahora, hazlo más tarde, cuando te lo hayas pensado». Estaba lavando los platos y cacerolas que había usado para cocinar. La cena estaba casi lista y, aunque el frío
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Rajoy prometió la felicidad, ¡y aquí está!

Hace casi un año el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, prometía la felicidad a todos los españoles. Decía en su discurso «El mayor enemigo de las políticas sociales […] es aquél que no es capaz de gestionar la economía». Un año después de este discurso la situación de España es la peor que
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#ParaulaValenciana

#ParaulaValenciana

Els valencians tinguem una dificil barreja en la nostra identitat. De íbers vam passar a romans, i de romans una llarga temporada amb turbant i mesquita. Va ser la conquesta dels aragonesos la que ens va canviar una vegada més i fins ara. Dels pobladors de la Corona d’Aragó els àrabs van aprendre les seues
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El hombre que no podía amar (4)

Rapsodia 7. (precedida de Rapsodia 5) Había estado durante horas monitorizando las expresiones de mi cuerpo. Algunas frente al espejo, otras tantas delante del ordenador.
 No sabía bien como podría reaccionar ante el encuentro, por una parte la conversación telefónica había denotado interés por su parte, por la otra me transmitió una importancia exagerada para
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El hombre que no podía amar (3)

Rapsodia 7. (precedida de Rapsodia 5) Había estado durante horas monitorizando las expresiones de mi cuerpo. Algunas frente al espejo, otras tantas delante del ordenador. 
No sabía bien como podría reaccionar ante el encuentro, por una parte la conversación telefónica había denotado interés por su parte, por la otra me transmitió una importancia exagerada para
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El hombre que no podía amar (3)

Rapsodia 5. (precedida de Rapsodia 3) Ya disfrazado de la persona normal en la que me había convertido bajé por la calle aprisionando el paquete de tabaco, estrangulando de forma hipotética los cigarros que allí se contenían. ¿Habría suerte? ¿Sería un capullo o sería cualquier otro tipo de flor?

Caminé asfixiando mi dosis de nicotina mientras
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El hombre que no podía amar (2)

Rapsodia 3. (precedida de Rapsodia 1) La cena transcurría de forma amena.
 Yo trataba de no hablar demasiado y el índice de masticadas por pausa en la conversación, era un excelente medidor de atención. Hubo un momento en que dejé de escucharle y mi voz en mi cabeza me decía: «Te interesa lo que él
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La Paciencia de Penélope

La Paciencia de Penélope

No me vas a hacer más feliz de lo que fui, ni más torpe, ni más nocturno de lo que soy. No voy a cambiar de costumbres por ti, y sé que algunas ya deberías haberlas cambiado. El Idiota. Penélope bajó las escaleras del edificio acariciando con las yemas de sus dedos las paredes algo
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El hombre que no podía amar (1)

Rapsodia 1. Mi dedo índice acariciaba su codo. Casi podía sentir la fricción de mi huella dactilar contra la suavidad de su piel.
Mis ojos, que lejos de parecer sensuales, estaban clavados en los suyos con una mezcla de sorpresa y terror. Cundo unimos nuestras miradas rehuí hacia el infinito de mis pies.
Quería darle un beso
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