La mirada bizca

La actualidad desde otro punto de vista. Junta los ojos, quizás ahora lo ves todo mejor. Por Robert Barber

Qué signfica realmente que cancelen tu serie preferida

Cada vez es más frecuente ver cómo Netflix nos corta las series que nos gustan. Pasó con Sense8, también con The OA, y seguirá pasando con muchas de esas que nos parecen obras maestras pero, por justificaciones que no nos convencen, pasan por la guillotina de las gigantes multinacionales que gestionan la cultura audiovisual.

La comodidad de tener un gran catálogo de series y películas por una pequeña suscripción al mes ha provocado que el número de usuarios que realizan descargas ilegales haya bajado casi a niveles de extinción. Ya no son geeks de garaje quienes se forran de manera clandestina subiendo series a webs llenas de enlaces maliciosos; ahora quienes se forran son empresas que, desde Estados Unidos, compran derechos o producen contenido propio.

Que el dinero no se vaya a los bolsillos del infame Kim Dotcom y su web de descargas Megaupload, ha restablecido ese orden en el que los creadores perciben lo que les corresponde. En lugar de irse a los bolsillos del ostentoso Kim, la pasta se va a quienes poseen los derechos de creación. Es lo justo.

El respeto que Netflix tiene a los creadores es muy bajo. Que una serie se acabe sin concluir su final es como arrancarle las páginas a nuestro libro favorito.

Gracias a plataformas como Netflix o Amazon Prime hay más series que nunca. Ahora se internacionalizan las casas de papel y paquitas salas de turno y aparecen propuestas arriesgadas como Santa Clarita Diet. Actores del Hollywood más conservador dan el sí quiero a producciones del Internet. Los usuarios hacemos lo que en inglés se llama bing watching y en español «hacer una maratón de Netflix», porque hasta nuestros hábitos de consumo han cambiado.

Pero todas estas alegrías y el gran futuro de esas producciones locales que se vuelven internacionales tiene un lado oscuro. Como decía al principio, el guillotinaje con el que las nuevas plataformas corresponde al más estricto interés económico.

Photo by Will Porada on Unsplash
Photo de Will Porada en Unsplash

Los datos de audiencia con los que trabajan las plataformas es privado. Netflix o Amazon no necesitan decir en voz alta cuántos suscriptores tienen ni qué series son las más vistas. Con este principio nadie conoce el motivo por el que las series son canceladas. Como se dice en inglés «fair enough».

El respeto que Netflix tiene a los creadores es muy bajo. Que una serie se acabe sin concluir su final es como arrancarle las páginas a nuestro libro favorito. Una total falta de respeto hacia los guionistas, actores, realizadores, etc. que se encuentran detrás de la arriesgada y dura tarea de crear las series.

Funcionó con un Sense8 cancelado que, debido a la presión mediática (y a que las hermanas Wachowski estaban detrás) regresó para cerrar una historia que se encontraba en su climax. Pasó también con Lucifer, que murió en Prime y resucitó en Netflix. Se rumorea que la cancelación de The OA sea una artimaña para movilizar a los seguidores de la serie, como pasase en los dos ejemplos anteriores.

Al final Netflix, HBO, Amazon Prime, etc. son empresas privadas y tienen todo el derecho a velar por sus inversiones. Si algo es rentable, adelante. Si algo no tira, ¡zaaaaas!. Llámale «oferta/demanda» o simple y llanamente capitalismo. Internet, amigos míos, es una gran empresa privada.

Disculpa mi aspecto, pero hoy no tengo otro

La verdad es que no llevo muy bien el tema de las modas y eso, quieras que no, pasa factura. Especialmente cuando estás más cerca de los cuarenta que de los veinte. Siento que en mi generación, los hombres, tenemos que pedir disculpas continuamente por algo que nunca fuimos.

+ Más información

Los tres reyes magos no eran ni reyes ni magos ni blancos

Los «reyes magos» nos visitan esta noche y nos preparamos para cabalgatas, regalos y reuniones de familia. Esta noche veremos muchos blancos pintados de Baltasar y, los más progres, pondrán un negro de verdad a lomos de un camello o carroza pero quizás nos olvidamos que ninguno de los reyes fue blanco.

Aunque parezca que toda la vida han estado ahí, la fiesta de los reyes magos se creó en el siglo XIX. No fuimos tan originales como pensamos sino que, imitando a los países nórdicos, decidimos tener nuestro propio San Nicolás. Un tanto para los de Alcoi que organizaron la primera cabalgata en 1866 y a partir de ahí muchos pueblos y ciudades de tradición hispana les siguieron.

Por aquella época, la España de Isabell II estaba en plena crisis. Tres años antes había caído el gobierno de la Unión Liberal y dos años después, en 1868, estallaría la revolución que pondría final a la monarquía y llevó al exilio a la reina. ¡Bienvenido el Sexenio Democrático!

En una España republicana había lugar para reyes, siempre que fueran magos. No se discutió si formaban parte de la realeza absolutista o si eran reyes democráticos, lo importante era que fueran magos.

Diremos que son magos pero no por que tuvieran las enseñanzas de Harry Potter sino por su conocimiento astrofísico y su intelectualidad del persa ma-gu-u-sha, que significaría sacerdote. De dichos conocimientos del cielo se les habría dado las habilidades para seguir una estrella milagrosa que les guiaría desde Babilonia hasta el portal de Belén.

No hace falta ser creyente para darse cuenta de que todo esto no son hechos históricos contrastados; no obstante son parte de nuestra cultura y tradición. Hemos crecido con esto y alimentamos esta leyenda año a año. Poco importa ser creyentes como poco importó a la España del sexenio crear una festividad basada en la realeza.

Mucho ha llovido hasta hoy, donde tenemos polémica por la cabalgata de Carmena, por la cabalgata de reinas magas y por un tal Gallardón que se pintó la cara de negro para hacer de Baltasar. No nos engañemos, se trata de una idea comercial que justifica las vacaciones hasta el 6 de enero. Detrás no hay ni creencias ni ideologías.

Así se explica que los negros, reyes o pajes, no tengan que pasar por un CIE y puedan entrar en las casas de los hijos de Vox o de señoras que «dicen negritos de África cuando dan limosna». Al rey Melchor se le atribuyen rasgos «europeos» y al tal Gaspar algo más morunos. Si se llamasen Sven y Mohammed quizás tampoco entrarían en nuestras casas a traer regalos.

La lógica de la historia dice que llegan desde Babilonia y, queridos y queridas míos, eso hoy en día es Irak. ¿Aceptamos entonces que los 3 reyes magos son tres señores Iraquíes? Bueno… no se me asusten, no necesariamente eran babilonios, podrían ser persas, ¿aceptamos entonces que los sabios de oriente eran iraníes?

Diferentes textos bíblicos hablan de los 12 reyes, uno por cada apostol. En ocasiones se les representó por cuatro y finalmente un rey blanco, uno tostadito y otro negro. Uno jóven, más mayor y otro viejo porque ¡en diversidad somos la leche! Pero si vienen de oriente son moros.

Moros como esos que vivían en la península por más de 500 años y que son nuestros ancestros; moros como el niño Alan que se ahogó en costas turcas, moros como los que Salvini no quiere en sus costas, moros como los que tememos de forma injusta cuando recordamos atentados en Europa. Los tres reyes magos eran tres eruditos moros.

Quizás sería la hora de poner un rey moro en las cabalgatas, da igual si es musulmán, turco o marroquí. Da lo mismo que moro englobe una entelequia humana y que se use a modo de insulto, no importa. España es un país moderno, capaz de grandes logros sociales, ejemplo en muchas cosas. Hagamos lo mismo con la integración. ¡Qué grande sería convertir esta tradición en una tradición inclusiva! Además para más «INRI» al que le regalan oro, incienso y mirra es al bebé judío de una madre soltera.

No nos equivoquemos; los reyes magos no son un hecho ancestral, católico ni español. No pertenecen a nadie pero nos pertenecen a todos, convirtámoslo en un ejemplo de tolerancia y aceptación.

¡Hola! ¡Dígame!

¿Os habéis fijado alguna vez cómo responden al teléfono móvil las personas de vuestro alrededor?
En España usábamos aquello del “dígame”, en otros países hispanohablantes estaba aquello del “aló”. Era una «costumbre» que, como todo en esta vida se ha perdido. + Más información

Cuando el problema son los demás

El auge de las corrientes extremistas no es algo que se anuncie con antelación. No vas a ver a políticos con el brazo levantado, ni te hablarán de despreciar a nadie de manera injusta, tampoco verás esvásticas, no… todo eso no se ve con antelación. Lo que verás son soluciones obvias a tus problemas, soluciones razonables y lógicas. El fascismo habla de tus problemas y te da soluciones que te parecen cojonudas.
+ Más información

Un año en ayuno epistolar

Ha pasado un año desde mi última entrada en el blog. El hábito de escribir hace al monje y yo he estado justificadamente un poco despendolado tratando de entender dónde encajo yo ahora. Entre redes sociales y jerigonzas que creía no comprender me doy cuenta de que el que no encaja aquí eres tú.

+ Más información

¡No nos lo perdonaremos nunca!

Honestamente todo eso de «cabalgatas del cambio», al igual que otros sucedáneos navideños como las anguriñas, las huevas de lumpo, etcétera, me dan bastante grima. Soy más de cosas naturales, frescas, sin necesidad de ser un trampantojo de lo que debería ser. En cambio me parece estupendo que las tradiciones sigan vivas, se actualicen, y tengan aciertos y errores, en definitiva como debe ser en esta vida, con aciertos y con errores. + Más información

¿Estás programado para el año nuevo?

Nos marcamos la barrera del 1 de enero esperando enmendar aquello que hicimos los 365 días de antes. La dieta, el vicio o cualquier perversión que hemos retenido durante 52 semanas deberán ser saldadas antes del día 7 en aras de cambiar nuestra vida a mejor. Por cierto ¿has comprado ya los regalos de Reyes? ¿Has subido tus fotos navideñas a Facebook? ¿Has empezado a dieta? ¿A qué centro comercial irás a comprar en rebajas?
+ Más información

Caciquismo en tiempos de prosa

No estamos para muchos versos. Es cosa del destino que por motivos familiares coincida en Xàtiva en plena campaña electoral local y autonómica. Hace unos días fueron las nacionales en UK y estoy viviendo las notables diferencias entre unas elecciones a la londinense y otras a la setabense. La contaminación a nivel de propaganda es lo primero que uno puede notar. El asunto de la corrupción atribuida a Alfonso Rus y a toda su banda ocupa portadas, titulares de informativos y comentarios en el dentista. Los ingleses, más discretos, a penas empapelaban, llenaban de globos, y contaminaban las calles. Aquí, la política vista de cerca no solo es más folclórica sino que también nos salpica con el clientelismo político del que algunos líderes locales hacen uso valiéndose de su poder o influencia. + Más información

Nudismo al desnudo

Os escribo esto mientras desnudo el viento acaricia todo mi cuerpo, el sol me intenta broncear y algunos lagartos, llamados perenquen, esperan a que les lance comida observándome entre las rocas. Escribo desde la Isla de Gran Canaria, en un domingo previo a grandes cambios.
+ Más información

1 2 3