Brexit does not mean Brexit (I)

El voto democrático de un referendum sirve para darles a los ciudadanos el poder. Es una herramienta que devuelve el control a las personas y que sirve para escoger la decisión que beneficia al bien común, ¿o no?
Quiero contaros, como residente en el Reino Unido, cómo veo yo todo este desastre que, en estos días, no tiene visos de acabar bien.
*Aviso a navegantes, este artículo contiene palabrotas.

Este tema es complejo y arrastra otros problemas que, la verdad, no me apetece tocar ahora mismo. Empezaré diciendo que en este asunto, como en tantos otros en los que dé mi opinión, digo lo que pienso bajo mi propia experiencia y conocimiento. La verdad categórica y objetiva no existe, ninguna opinión es mejor que otra.

Cuando vine a Reino Unido en 2015, tuve la sensación de que me iba un poco más lejos que la última vez. Como grandes diferencias a cuando me mudé de València a Barcelona en 2004, veia la distancia y el idioma. Por lo demás sentía que estaba «en casa» porque aún estaba dentro de la Unión Europea.

Quizá mi visión un poco santurrona de la vida, no me hizo sentir diferente a mi vecina canadiense del piso de arriba o a el matrimonio del piso de abajo, donde ella es mitad inglesa e italiana y él es mitad aleman e inglés. Daba igual de dónde fuéramos teníamos los mismos derechos y las misma oportunidades. Nuestras diferencias eran de acentos, poco más.

Marcha pro-EU frente al parlamento británico - Foto: Robert Barber
Marcha pro-UE frente al parlamento británico – Foto: Robert Barber

Las maniobras políticas del partido conservador, los Tories, a principios de 2016, se movían en una turbia dirección. En un país con una tasa de desempleo del 4% aproximadamente, la inmigración era un «problema». Entonces el tema estaba en que la libre circulación de personas dentro de la UE permitía que Rumanos, Polacos y otros vinieran «masivamente» al Reino Unido. Eo ipso migrantes de otros paises de fuera de la unión, podían colarse aquí también. Mucho peor todavía, se corrió el bulo de que Turquía se integraría en la UE sin que el Reino Unido pudiese hacer nada en su contra y tendríamos una invasión de turbantes, oradores de Alá e inmoladores radicalizados.

Ante esa situación de inducida inseguridad, algunos partidos hablaron de injusticia. El típico mecanismo de «vienen a quitarnos lo nuestro», «son unos violadores», «su cultura es radical y sangrienta», etc. El equivalente a VOX en el espectro británico tenía forma de «UKIP» y el «Bolsonaro» inglés el nombre de Nigel Farage.

El primer ministro, James Cameron, intentó usar este caos inducido para solicitar a la UE un cambio en la legislación de la libre circulación de personas. Era un tema de sacarse el pene encima de la mesa y comprobar quién la tenía más gorda. Más allá del genitalismo, la propuesta tensaba la relación de la Unión con un Reino Unido que iba, simplemente, bien.

Con el movimiento de Cameron se produjeron extraños juegos entre los partidos políticos. Los que decían que no era suficiente, y los que hablaban directamente de no poder hacer lo que les daba la gana. Entonces Cameron, que necesitaba demostrar su virilidad política, decidió que sería un buen momento para hacer un referendum.

Cameron era un «remainer» y se veía ganador. Pensaba, como todos nosotros, que el referendum no daría la victoria a los «leavers» y que, una vez ganase la votación, aquellos miembros de su partido conservador más próximos al UKIP, cerrarían la boca, darían un paso atrás y él quedaría como el hombre de estado que tenía el poder.

La campaña no fue un camino de rosas. Una vez se anunció el referendum, la maquinaria política se puso a funcionar a un 250%. Es curioso pero para alguien que viene de España, eché de menos la presencia de propaganda en las calles. La tele hablaba tímidamente del tema. La verdad es que daba la sensación de que más que un referendum tan importante, se iba a escoger a la próxima candidata para Miss bronceado Riskettos. Esto contrastaba con los anuncios en Facebook, artículos en tabloides de la ultra-derecha, … y en los autobuses de propaganda.

Por alguna razón que no comprendo, hoy en día, a los partidos y organizaciones con ideas más radicales (rollo Hazte oír) se les hace el culo pesicola paseando autobuses con grandes eslóganes.

Por alguna razón que no comprendo, hoy en día, a los partidos y organizaciones con ideas más radicales (rollo Hazte oír) se les hace el culo pesicola paseando autobuses con grandes eslóganes. El mensaje es siempre el mismo: una solución justa a un problema injusto que «tú ya sabías» pero que nadie excepto ellos puede solucionar. Lo que viene a ser demagogia que inocula ideas de odio.

Aquí el tema fue hacia «Europa nos roba». Les pagamos millones que podríamos destinar a otras cosas, como por ejemplo la NHS (la seguridad social británica). Un autobús con esta proclama recorrió Reino Unido con Nigel Farage al volante. Esta promesa electoral era falsa, impracticable, no se ajustaba a la realidad realizable, pero eso daba igual porque cierto sector de la población les creería.

La manipulación política no sólo iba hacia lo económico. Dime cualquier problema de la vida y te diré como saliendo de la UE lo solucionamos.
Además, para más confusión ciudadana, aquí los partidos no son tan monolíticos; de este modo la MP Kate Hoey, laborista y representante de la zona más pro-EU de todo Reino Unido, hizo campaña con la ultra-derecha. Hoy por hoy, esta laborista sigue hablando de una salida sin acuerdo. Amén de su posición en contra de los matrimonios igualitarios y otras posiciones más radicales.

El 22 de junio de 2016 nadie sabía qué podía pasar al día siguiente pero la sensación generalizada en Londres era «no va a salir». Tras el referedum del día 23 todos pensamos que la cordura política aparecería en algún momento. El resultado era demasiado igual. Por suerte el referendum podía quedarse en algo consultivo.

Obviamente los ganadores se agarraron al «the will of the people» (la voluntad de la gente). El mandato de la ciudadanía había hablado. Cuestionarse si habían votado todos los que deberían era futil; plantearse que habían personas a las que se les había denegado el derecho era injusto. La posición de los ganadores fue: hemos ganado y te callas.
La posición de los políticos perdedores fue: han hablado las urnas y hemos de obedecer.

33.577.342 de personas votaron. Parece mucho pero es un 72.21% de la población y en ese 100% no están reperesentados británicos viviendo fuera del Reino Unido ni Europeos que puedan llevar viviendo aquí 25 años, por ejemplo. Un 51,89% de los británicos votaron para salirse de la UE. Un 48,11 prefirieron quedarse. Mayoría es, sí. ¿pero es justo tomar esa decisión con ese porcentaje?

Pasaron más cosas y os quiero hablar de ellas. Lo que descubrimos en los dias siguientes fue mucho más terrible de lo que hasta ahora te he contado. Pero te hablaré de eso en otro artículo. Ahora me gustaría que me dieras tu opinión llegados a este punto de la historia. Responderé al siguiente artículo con vuestros comentarios.

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