Año tres: tres bien

Comprando pollo en Caprabo empezó aquél viaje. Las cosas inesperadas son las que siempre se disfrutan más. Bien es cierto que cuando deseamos algo nos emperramos en que salga como queremos, o nos castigamos de forma previa para “prepararnos para lo peor. Al final el pollo sale como le da la gana porque, aunque cocines controlando el fuego, los ingredientes, o te pongas a rezarle a San Antonio de Pádua, todo se puede echar a perder por sí solo.

+ Más información

Año uno: tras la puerta

Recuerdo el olor de aquél friegasuelos de olor a pino. El suelo de linóleo era algo nuevo para mi, me producía entre decepción por tener un suelo de verdad y asco por su tacto gomoso y un tanto pegajoso. Durante varios días estuve limpiando todo de manera compulsiva, quería que aquella estancia tuviese mi esencia, y no la de otras personas que hubiera vivido allí antes que yo. Recuerdo a Dolores O’Riordan con algún álbum antiguo de The Cranberries, y una especie de nostálgia céltica que no alcanzaría a llamar morriña, sino algo superior a ella. Interrumpida la canción por los contínuos entrares y salires de los vecinos, aquél apartamento en la planta baja del oscuro edificio sería mi caja de resonancia. + Más información

El votante indeciso

Era un domingo como cualquier otro, de impredecible gris, y de misterioso amanecer. A las primeras horas de la mañana sólo se oía la brisa contra las hojas de los árboles, el taconeo de alguna joven que llegaba a trashoras a su casa, y algún vehículo con poca prisa que se tambaleaba hacia su destino. + Más información