Bobbies Love Story

Caminaba Paul Wilkinson con la mirada firme hacia el infinito. La ronda de la tarde siempre le había resultado un poco pesada, pero aquel día se le empezaba a hacer eterno. A penas comió nada en el almuerzo, se temía una digestión pesada.
Caminó hacia la calle Saint Joseph, limite de su ronda vespertina. En aquella zona se encontraba la mejor pastelería de todo el condado. Si tenia suerte podría comprar uno de esos deliciosos pastelillos de manzana que tanto le gustaban.
Eran unos pastelillos extremadamente dulces, casi hasta empalagosos, pero merecían la pena.
Con cierto miedo consiguió deslizarse hasta la pastelería de Christina. Compró con la cabeza gacha y salió del establecimiento como si el diablo le estuviera siguiendo.
Estas maneras un poco sobre actuadas produjeron en Christina una sonrisa burlesca, y siguió con la mirada como el señor Wilkinson volvía de nuevo, con paso apresurado, hacia su zona de ronda.

Había escondido en el interior de su casco aquella delicia azucarada, así pues llevaba el casco en la mano y lo cubría con su pecho.

Se escondió entre la esquina de Lord Edwards Street y aquel solar abandonado. Detrás de un gran árbol, como si estuviera cometiendo un delito enorme, miró hacia todas las direcciones y engulló el pastelito como si se tratase del cuerpo de Cristo.

Paul Wilkinson reanudó su ronda, y paseaba en dirección hacia Abbey Street, justo en el límite con la zona de la ronda de otro compañero, otro distrito y posiblemente alguien desconocido.
Por el otro lado de la calle, justo en dirección hacia él, caminaba otro agente.
Sus ojos se cruzaron unas cuantas veces.
Paul miraba ansioso hacia Butts Green, seguramente ahí volvería a sentirse a salvo de ninguna mirada.
Paul se sentía culpable por haber modificado su ruta y por haber comido en horas de servicio. Necesitaba huir con sus culpas.

El otro agente te detuvo justo delante de la pastelería, en ese momento miró fijamente a Paul y le hizo una señal con la visera de la gorra.

Paul hizo lo mismo, aunque su mano estaba pegajosa del pastelillo y algo temblorosa de su inquietud. Apresuró el pasó, de una forma casi ridícula.
Aceleró tanto el paso, que sin darse cuenta acabó en Thomas Street.
Se giró y en el límite con Saint Joseph se encontraba el otro agente.
Paul se quedó dudando unos minutos.
Un sudor de extraño sabor había bajado por su frente hasta sus labios, posiblemente era el azucarado sabor del pastelillo que había alojado minutos antes en el interior de su casco.

Un nuevo saludo del otro agente le hizo quedarse de piedra. Ahora mismo su miedo a ser descubierto era tan grande que le había bloqueado la movilidad de las piernas.

El otro agente caminó con paso muy lento hacia Paul.
Paul empezó a pensar en que podría querer el otro agente.
El otro agente descubrió su cabeza.
A Paul la suya le daba demasiadas vueltas.

– ¡Buenos Tardes compañero!
– Buenas tardes.
– ¿Está usted haciendo mi ronda?
– No disculpe es que ando algo distraído hoy.

Paul empezó a pensar que el otro agente conocía que había hecho. Sus remordimientos crecían por momentos, la intranquilidad le producía una especie de sombra sobre su cuello.
Paul miró al gente fijamente a los ojos.
El agente le miraba como esperando alguna respuesta.
La respuesta, sin saber cual era, fue un guiño con el ojo derecho, y después el izquierdo por parte de Paul.
El agente le dio una palmada en la espalda.
– No se preocupe agente Wilkinson.
– ¿Lo sabe?
– Claro
– ¿No va a decir nada a nadie?
– No

La mirada de Paul se relajó, en la mirada del otro agente apareció una sonrisa.

– Le acompaño hasta Abbey Street
– Bueno gracias.

Un paseo silencioso por Thomas Street hasta que llegaron al cruce con Dean Street, un poco antes de llegar a Abbey.
Paul sintió que se había quitado un gran peso de encima, su corazón de nuevo latía con vitalidad, había dejado de estar escondido en un puño.
Era tal la ligereza con la que se sentía, que hasta sus pies parecían no tocar con el suelo. La firmeza y rudeza de su cara, se tornaban de un semblante más afable.

– ¿Cuál es su nombre agente?
– Puede leerlo en mi placa

Paul se acercó tímidamente dada la tontería de su pregunta al tratarse de un agente de policía, que como él, llevaba una insignia con su nombre en el pecho.

– Agente Patrick McKean, muchas gracias.
– No entiendo tanto agradecimiento.

Paul miró nuevamente a los ojos de Patrick, se sentía liberado, algo estupido, pero liberado.
Paul le dio un beso en la boca.
Patrick seguía inmóvil.
Paul dio media vuelta y continuó su ronda.

3 comentarios al artículo “Bobbies Love Story

  • Hola, demuestras mucho talento por la ficcion con esta historia corta. Pero, por que la basas en Inglaterra. Supongo que tiene lugar en Londres. Usaste un mapa mientras la componias o conoces bien a Londres? En fin, despues de leer solo 2 posts de tu blog, tengo ganas de saber mas de ti. Supongo que me toca seguir leyendo.
    Un saludo

  • Ciudad bajo secreto de sumario. Los nombres son falsos. Basado en una ficción real.
    Gracias por leerme. Yo también te leo. Aunque en inglés.

    Cheers.

    Robert Barber.

  • y sin k se levante ninguna porra
    molt bona tete
    estas fet un Monzó
    jejejeje
    petons!

Escribe tu opinión aquí:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *