Año tres: tres bien

Comprando pollo en Caprabo empezó aquél viaje. Las cosas inesperadas son las que siempre se disfrutan más. Bien es cierto que cuando deseamos algo nos emperramos en que salga como queremos, o nos castigamos de forma previa para “prepararnos para lo peor. Al final el pollo sale como le da la gana porque, aunque cocines controlando el fuego, los ingredientes, o te pongas a rezarle a San Antonio de Pádua, todo se puede echar a perder por sí solo.

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Año dos: los pecados

Llegué aquél día con la sonrisa algo tonta y mi compañera de trabajo me miraba de forma inquisidora. Cuando finalmente me interrogó qué me pasaba, me apresuré a preguntarle si es que hacía mala cara o qué. Su definición de cutis-de-haber-follado-bien me caló hondo. Yo no sospechaba que los cuatro polvos de la noche anterior, y el quinto que no pudimos acabar, fuera algo visible en la luminosidad de mi cara.
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Abril, cerral: se acabó un ciclo

Un mes de junio de hace 11 años o algo así cogí un macuto y puse ropa para tres días. Un imbécil me dijo que era un fracasado y que no haría nada útil en mi vida, y esas palabras que se me grabaron en la nalga a fuego, me sirvieron de reactivo para huir hacia adelante. Dejé a mi pequeño Pau con mis padres, me compré un billete barato a Barcelona, y empecé una nueva vida. Lo que nunca os conté hasta hoy, os lo contaré a partir de ahora:
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Supervivencia y supremacía

Los criterios de supervivencia son relativos, una persona con más de 100 años ¿nos resulta útil socialmente? ¿Es un bien necesario para la sociedad invertir en medicinas, avances médicos, y cuidados geriátricos?. Es este siglo el de mayor avance en cuanto a la longevidad del ser humano y aún no nos hemos planteado si es mejor invertir en la prolongación de la vida o la generación de nueva vida. + Más información

“Good night Ginger”

Con varias capas de abrigo salí a la calle. Era tarde, pero necesitaba hablar con alguien sobre aquél problema que me estaba quitando el sueño. Sabía que llegaría de regreso más tarde aún, pero lo necesitaba.

Llegué acalorado hasta su edificio. Me detuve frente a la puerta y comprobé la dirección en el móvil. Sí, aquella era la dirección correcta. Él llevaba poco tiempo en la ciudad y era, sin duda, el tipo de confidente que necesitaba. No quería los consejos de “deberías haber hecho así”, con él tendría un punto de vista diferente al de mis amigos de toda la vida. + Más información

Querida Rose, querida Eva, querida amiga

Querida amiga:

Me encontraba ayer tomando un café… bueno, llevaba menta, y hielo, y algo parecido a tabasco pero que no lo es, también llevaba pajita, y mucho hielo. Creo que no llevaba café, lo digo porque no vi la cucharita…

¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! Estaba ayer tomándome algo con una amiga con la excusa de despedirnos por Navidad. Ella tomaba mi mano izquierda entre sus dos manos y aunque sé que me miraba fijamente, con la cabeza ladeada, buscando mi mirada, yo escondía la mía en un posa-vasos roñoso.

Me llegó tu triste mensaje. Tenía dos paréntesis hacia abajo en el smiley, lo cual quiere decir que estabas muy muy triste. Quise responderte en ese momento, pero pensé que ninguna de mis palabras podrían servirte de consuelo en ese instante. Por eso, sólo por eso, escribo esta carta. Quiero que, querida Eva, hoy sonrías, que hoy empieces a ser feliz. + Más información