La soledad no se ve, pero no es invisible

Todo el mundo se ha sentido sólo alguna vez en la vida. Aquellos que tenéis bebés sabéis bien qué es eso; lloran y lloran y encontrar el equilibrio entre su ansiedad y evitar la dependencia se hace muy difícil. A los adultos nos pasa exáctamente lo mismo, sólo que con la racionalidad que le falta al bebé, nos podemos ver avocados al bloqueo o la depresión.

No trataré este tema como si fuera un psicólogo, no lo pretendo. Hablo desde la propia experiencia de aquél que confiesa que la soledad es muy dura y que no se pasa en compañía. La soledad es como una enfermedad que, sino se trata, se cronifica y mata.

Abría este artículo comparando la soledad con la de un bebé que yace en su cuna y llora porque quiere que le cojan en brazos. Los papás entran en la habitación, toman al bebé, lo abrazan, y tras cuatro suaves zarandeos deja de llorar. A los adultos nos da vergüenza llorar, y ese es quizá el primer error.

Mostrar debilidad, vulnerabilidad, es de cobardes. Eres una persona «poco preparada» o incluso inmadura. De nosotros, adultos, se espera que seamos fuertes, resilentes. Una persona, a partir de sus 18 años, tiene que demostrar la infalibilidad de un héroe clásico.

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Y así, cuando una persona pierde su casa, se queda sin dinero, le deja la persona que pensaba que era el amor de su vida o pierde a un ser querido, tiene derecho a un luto por el dolor. Es algo así como los 23 días de vacaciones al año, lo tienes por es tu derecho. Pero no se te permite recaer, tampoco extenderlo por más tiempo. No hablo de la depresión, que es otro estigma invisibilizado, sino de la soledad que se sufre al afrontar estos problemas.

Puedes estar en una fiesta dándolo todo, en la mejor compañía de un buen amigo, rodeado de tu familia en una domingo familiar, y a pesar de eso sentir la soledad que, mayoritariamente, es muy dificil de expresar.

Yo no tengo el abracadabra de este problema, no sé cuál es la solución. En muchos casos ayuda una llamada, escuchar, acompañar, por supuesto un terapeuta. En otras situaciones observar, porque cada persona tiene unas reacciones diferentes. Quizá, y digo quizá, la mejor solución es desmitificar lo vergonzoso de sentirse solo y preguntarle a la otra persona ¿te sientes sola?

Una respuesta al artículo “La soledad no se ve, pero no es invisible

  • Y quizá también atreverse a decir cualquier sentimiento sin que te lo pidan. A veces esperamos más empatía y iniciativa de los demás y ese es el primer error. Nuestra racionalidad nos puede hacer no llorar, no gritar o patalear, pero nos tiene que facilitar transmitir nuestros sentimientos con palabras y gestos, acordes a nuestra madurez de forma que nuestro entorno entienda lo que queremos.

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